Apagones de memoria o amnesia disociativa: cómo prevenirlos

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Catherine Le Nevez
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Le pasó una y otra vez a un papá.
Un niño de dos años de Catania fue olvidado en el auto y no lo logró.



¿Cómo puede suceder esto? ¿Cómo puede un padre olvidar llevar a su hijo al jardín de infantes? De la ciencia llega una respuesta tranquilizadora: tal eventualidad se puede prevenir. El doctor Domenico Mazzullo está con nosotros para explicarnos de dónde vienen los lapsos de memoria y cómo evitarlos.

Automatismos: aquí se explican las amnesias

Automatismos: esta es la palabra clave para explicar las amnesias que abren el camino a terribles consecuencias. Mientras realiza los mismos gestos o conduce por las mismas rutas se baja el estado de conciencia, se está menos alerta, menos presente, nada centrado en lo que estás haciendo. Es como si estuviera confiando en un piloto automático considerado infalible: ello da lugar a la posibilidad de distraerse de las etapas que marcan los caminos de la costumbre, hasta saltarse una, quizás la más importante.



Es cierto, sin embargo, que, aunque más raramente, incluso la ausencia de automatismos podría tenderle una trampa a la memoria: por ejemplo, aquellos que no suelen acompañar a los niños, si se les indica que lo hagan, podrían seguir recto, en lugar de detenerse en su destino, o podría tomar un camino diferente al que conduce a la escuela.

La madre tiene menos riesgo de amnesia con respecto a su hijo.

Los investigadores que estudian los sofisticados mecanismos que regulan la memoria, los recuerdos, la concentración, la atención creen la posibilidad de que la madre olvide al niño es menos probable. El cerebro de las madres, de hecho, por una cuestión puramente biológica, funciona de manera diferente a la de los padres y reconoce el cuidado de la descendencia como máxima prioridad. Es decir, es más fácil que el padre se distraiga con las necesidades del hijo, si éste está lidiando con otras necesidades, relacionadas, por ejemplo, con su trabajo, en cambio, no puede sucederle a la madre. El fuerte instinto de protección de la descendencia de las madres también se debe a los cambios hormonales que ocurren en el cuerpo durante el embarazo e inmediatamente después del parto. Es decir, la naturaleza pone todos los medios a su alcance para dirigir la atención de la madre hacia el niño y, por tanto, evitar que se produzcan apagones de memoria que puedan poner en peligro la seguridad de su bebé. Es como si una luz estuviera siempre encendida en el cerebro de la mujer, lista para ser activada, si es necesario, para solicitar la memoria del niño y los cuidados que necesita. En los padres este instinto es menos marcado. Habiendo dicho ésto, el estrés, las preocupaciones, el cansancio físico pueden provocar un lapso de memoria incluso en una madre. He aquí entonces que “centrarse en el niño” cuando uno está solo para cuidarlo debe convertirse en un imperativo categórico tanto para mamá como para papá.



Apagones menores de memoria (o amnesia disociativa)

Si es cierto que es poco probable que las madres sean víctimas de un vacío de memoria tan grave como para poner en peligro la seguridad del niño lo cierto es que las madres, con sus días llenos de infinidad de compromisos, pueden enfrentarse a pequeños apagones de memoria. Siempre se trata de un olvido venial, sin mayores riesgos para el niño. La preocupación más común la administración de medicamentos, que debe administrarse al niño a intervalos regulares, o comprando algo solicitada por la escuela infantil o los profesores de la escuela infantil. También puede ocurrir que una madre vaya a recoger a su hijo al jardín de infancia, olvidándose de que no lo había traído ese día al jardín de infancia porque tenía fiebre por la mañana. También en estas eventualidades es con los automatismos, presentes o por el contrario ausentes, que debe relacionarse la pequeña amnesia transitoria.



El especialista responde a tres preguntas sobre los apagones

¿Existen condiciones que favorezcan los apagones de memoria más dramáticos?

La falta de sueño, demasiadas preocupaciones, exceso de responsabilidad, un trabajo extremadamente exigente desde el punto de vista mental generalmente pueden acumular estrés que puede afectar directamente a la memoria, provocando lagunas temporales. Incluso una enfermedad febril podría en algunos casos actuar como un factor favorable.

¿Qué se puede hacer para evitar el peligro de ser engañado por la memoria?

La mejor estrategia es elaborar una lista de las tareas que se deben afrontar durante el día, y luego llévalo siempre contigo. La prueba de la utilidad de esta precaución proviene de una práctica seguida desde hace tiempo en los quirófanos, gracias a la cual ha disminuido la presencia de instrumentos quirúrgicos olvidados en el abdomen de los pacientes: antes de suturar la incisión, para concluir la operación, los operadores son obligado a leer una especie de memorándum que sugiere, por ejemplo, contar gasas y bisturís, para asegurarse de que no ha quedado ningún cuerpo extraño en el interior de la persona operada. Las indicaciones escritas le obligan a recordar, disminuyendo el riesgo de traición de la memoria.

¿Hay otras precauciones a seguir, incluso para evitar pequeños descuidos?

obligando a centrarse en la acción presente, abandonando el hábitoEs común hacer una cosa que requiere atención (por ejemplo, acompañar al niño al jardín de infantes) mientras se piensa en otra cosa que requiere atención (por ejemplo, resolver un problema de trabajo). Me explico: puedes, sin correr riesgos, tomarte una copa mientras te enfrentas a un problema laboral porque esta primera acción no requiere un estado de conciencia especialmente alerta y, por tanto, no interfiere en la posibilidad de encontrar la mejor solución. Por otro lado, es seguro que sería muy improductivo tratar el problema del trabajo en medio de una complicada conversación telefónica.

Olvido menor: lo importante es perdonarse a uno mismo

El sentimiento de culpa, como sabemos, es un sentimiento que persigue a las madres aun cuando no tendrían absolutamente nada que reprocharse, por lo que no hay esperanza de que les dé tregua en caso de olvido del niño. Así que hay madres que lloran por olvidarse de llevar una muda de ropa limpia al parvulario y otras que se atormentan por olvidarse de poner el despertador por la noche, cuando el niño debería haber tomado el antibiótico. Hay una manera segura de juzgar estas eventualidades con más indulgencia hasta el punto de perdonarse por completo. Solo prométete no volver a hacerlo nunca más: esta "declaración de intenciones", que debes hacerte a ti mismo, tiene el poder de ahuyentar los remordimientos.

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Actualizado el 20.09.2022

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