Obesidad infantil, la prevención comienza en la barriga del bebé

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Una epidemia silenciosa y galopante, que afecta cada vez a más niños en el mundo occidental y que corre el riesgo de tener consecuencias muy graves a medio y largo plazo. Es la alarma de obesidad infantil. Cha múltiples causas. Hábitos alimenticios erróneos y perpetrados durante años. Actividad física inexistente. Alimentos industriales en abundancia. Demasiadas horas frente a las computadoras y la televisión. Y, no tienes que esconderte detrás de un dedo, a menudo también hay una gran cantidad de descuido de los padres. Sin embargo, muchos de estos factores se pueden cambiar virtuosamente. Él explica cómo el doctor Plantilla de Palermo, especialista en medicina correctiva y estética.



Dra. Rosa Palermo

    Doctor Palermo, ¿cuál es la dimensión del fenómeno de la “obesidad infantil”? ¿Hay diferencias geográficas en la incidencia?

    “La obesidad infantil es un problema de gran importancia social. Es una condición patológica caracterizada por un exceso de peso causado por una acumulación de grasa corporal. En Del Paese afecta a uno de cada cuatro niños y es el resultado de un balance energético positivo a lo largo del tiempo. En la práctica, se introducen más calorías de las que se consumen. Estudios recientes han demostrado que en Del Paese, Valle d'Aosta es la región con menor presencia de niños con sobrepeso y obesidad, mientras que Campania es la región con mayor número de adolescentes con sobrepeso. Entonces es claro que el problema de la obesidad infantil se agrava a medida que desciende del norte al sur del país. Cabe recordar que en la ciudad existe un 8% de niños con sobrepeso entre 9-24 años y un 16% de niños obesos, que en conjunto representan el 40% de la población infantil. Es natural preguntarse por qué la obesidad infantil tiende a ser mayor en países donde la dieta mediterránea debería ser la principal. Se cree que la mejora de las condiciones socioeconómicas, un estilo de vida sedentario y la difusión de una dieta rica en grasas y calorías explican el aumento de la obesidad”.



    ¿Cuándo se puede definir a un niño como obeso?

    “Necesitamos hacer un breve paréntesis: para saber si una persona tiene sobrepeso no basta con conocer su peso corporal, también es necesario conocer otros parámetros, como la altura, la circunferencia de la cintura, la edad y el sexo. Sin embargo, el primer parámetro que se considera es el Índice de Masa Corporal (IMC), que se obtiene al elevar al cuadrado la relación entre el peso y la altura expresada en metros. Un adulto se define como obeso cuando tiene un IMC superior a 30. En el niño, el habla es más compleja, porque su Índice de Masa Corporal está en constante evolución (cada fase evolutiva de la infancia es dinámica, hay períodos en los que el niño crece más y otras en que crece menos), en este caso nos ayudan las Tablas de Centili, es decir las curvas obtenidas de estudios epidemiológicos que describen gráficamente la tendencia del IMC en las distintas edades de la vida en los dos sexos. Un niño se define como obeso cuando su IMC, calculado con la fórmula expresada para adultos, es mayor o igual al percentil 95. Si este índice cae entre el percentil 90 y 95, se define como sobrepeso, mientras que el crecimiento es normal si el peso ronda el percentil 50”.

    ¿En qué momento comienza la prevención?

    “La prevención de la obesidad infantil tiene claro que debe comenzar durante el embarazo. Es importante que la futura mamá controle el aumento de peso durante la gestación siguiendo una dieta balanceada y evitando el exceso de carbohidratos especialmente durante el tercer trimestre del embarazo. Es importante preferir alimentos saludables y evitar todos aquellos de derivación industrial. La prevención continúa incluso durante la lactancia, por lo que es necesario explicar a la madre las múltiples ventajas de amamantar. Dar el pecho a tu bebé lo protege de infecciones respiratorias, reduce el riesgo de desarrollar alergias alimentarias y previene todos aquellos problemas relacionados con la diabetes y en especial la obesidad. En cuanto al destete, es necesario evitar el "temprano", preferir alimentos naturales, alimentos de temporada, asignar porciones adecuadas a la edad y variar en la elección de los alimentos. A partir del primer año de vida se debe fomentar el conocimiento de nuevos alimentos, evitando alimentos de producción industrial, zumos de frutas y bebidas carbonatadas. También es importante estimular y promover la actividad física del niño, especialmente al aire libre, así como es importante que los padres sigan un correcto estilo de vida en la familia para ser un ejemplo para sus hijos”.



    ¿Cuáles son los errores más comunes que suelen cometer los padres al alimentar a sus hijos?

    “Los padres se preocupan cuando su hijo come poco y rara vez cuando come demasiado. A menudo interpretan este apetito excesivo como un signo de bienestar y, de hecho, tienden a incentivarlo en lugar de limitarlo, con la ilusión de que los kilos de más evidentes pueden desaparecer con el desarrollo. El niño "gordito" es más simpático que uno flaco que sí tiende a inquietar a los padres. En casa hay muchas tentaciones, la nevera siempre está llena de snacks y snacks, en la mesa las bebidas carbonatadas y azucaradas sustituyen al agua, sobre todo en verano, después de un baño o en fiestas con amigos. El papel de los padres es fundamental, de hecho es importante enseñar a sus hijos a comer correctamente desde los primeros años de vida y orientarlos en la elección de alimentos saludables, elección que les acompañará en la vida adulta y les ayudará a prevenir enfermedades. relacionados con la mala nutrición”.

    ¿A qué se enfrenta un niño obeso (a corto y largo plazo)?

    “Un niño obeso experimenta complicaciones tempranas y complicaciones tardías. Entre los primeros, los más frecuentes están representados por problemas respiratorios (fatiga y apnea del sueño), problemas articulares por carga mecánica: varo y/o valgo de los miembros inferiores (piernas arqueadas o en “X”), dolor articular, movilidad reducida y pie plano. Luego están los trastornos del aparato digestivo y otros del crecimiento. Los niños con exceso de peso tienden a tener un crecimiento óseo temprano y un período puberal temprano: las niñas tienen el inicio del ciclo menstrual a una edad más temprana y los niños desarrollan los caracteres sexuales secundarios antes. Luego están los trastornos psicológicos: los niños con sobrepeso pueden sentirse incómodos y avergonzados, hasta un verdadero rechazo a su apariencia física; a menudo son niños ridiculizados, víctimas de las bromas de los compañeros y en riesgo de perder la autoestima y desarrollar una sensación de inseguridad, lo que puede conducir al aislamiento: salen menos de casa, pasan más tiempo frente al televisor, creando un ambiente vicioso círculo que los lleva a la llamada hiperalimentación reactiva. En cuanto a las complicaciones tardías, la obesidad infantil es un predictor de obesidad en la edad adulta. Los niños con sobrepeso están más expuestos a determinadas patologías, especialmente de tipo cardiovascular (hipertensión arterial, cardiopatía coronaria), musculoesqueléticas (aparición precoz de artrosis por el aumento de los esfuerzos estático-dinámicos sobre las articulaciones de la columna vertebral y miembros inferiores), consecuencias metabólicas (diabetes mellitus, hipercolesterolemia). Las consecuencias psicológicas que pueden prolongarse y amplificarse con el paso de los años no deben subestimarse. El trastorno puede trastornar la vida del sujeto y sus relaciones sociales: comienza por rechazar las invitaciones de los amigos hasta el punto de retraerse en sí mismo”.



    ¿Cuáles son los principios de una nutrición adecuada?

    “No hay reglas rígidas, ni recetas infalibles, solo tome simples precauciones de comportamiento. Desayuna siempre: es importante porque aporta a nuestro cuerpo la energía que necesita para afrontar el día. No te saltes la merienda de media mañana y la merienda de media tarde: son imprescindibles para no llegar con hambre a las comidas principales. Seguir una dieta variada y equilibrada, alternando las proteínas animales con las vegetales y aumentar el consumo de legumbres, ricas en fibra. Consume dos o tres frutas al día, come verduras cocidas o crudas en cada comida. Consume regularmente leche, yogur y quesos semidesnatados para asegurarte calcio, proteínas y vitaminas. Limite el consumo de fiambres, cacahuetes, dulces y bebidas azucaradas, que no sacian ni sacian la sed, sino que sólo aportan una cantidad excesiva de grasas y azúcares. Bebe siempre abundante agua natural: además de ser fundamental para nuestro organismo, asegura un adecuado funcionamiento intestinal. Reemplace el primero y el segundo con un solo plato al menos dos veces por semana. Incluir pescado en la dieta (al menos dos o tres veces por semana). Evite freír y limite el consumo de sal. La pirámide alimenticia es el símbolo de la "nutrición sana y adecuada". En la base encontramos los alimentos que se pueden consumir libremente, de hecho las frutas, verduras, legumbres y cereales ocupan una posición predominante, mientras que en la parte superior encontramos los productos que se deben consumir en cantidades controladas (aceite, mantequilla, dulces)” .

    Una dieta saludable no puede separarse de un estilo de vida adecuado. ¿Cómo podemos garantizar esto a nuestros hijos?

    “Tener una dieta saludable es un objetivo importante a alcanzar para promover el crecimiento tanto físico como mental de nuestros niños. Los niños aprenden a comer de sus padres y esta enseñanza se lleva a cabo todos los días en la mesa, por lo que un estilo de alimentación adecuado debe involucrar a toda la familia. Si toda la familia cambia sus hábitos alimentarios, seguro que el niño recibirá estímulos positivos para emprender nuevos caminos. Además de una correcta alimentación, para asegurar el mantenimiento de un buen estado de salud, es importante realizar actividad física y reducir el sedentarismo. La actividad física debe realizarse regularmente al menos tres veces por semana y es preferible elegir un deporte que guste a los niños. Además de la actividad que se realiza en el gimnasio, es fundamental estimular a tus hijos a moverse a diario: subir y bajar escaleras en lugar de utilizar el ascensor, jugar al fútbol con amigos o andar en bicicleta, en definitiva, cualquier actividad que implique movimiento, aumentando así el gasto energético. Sobre todo, evita que los niños pasen demasiadas horas frente al televisor, la computadora o jugando con la Play Station, también porque aumentaría el aburrimiento y en consecuencia más comida para "picar".

    ¿Cuándo es adecuado acudir a un especialista?

    “Cuando los kilos de más ya son evidentes, hay que tomar medidas importantes. En este caso, el pediatra, nutricionista, endocrinólogo y fisiatra de confianza son las figuras más adecuadas para preparar una intervención dirigida, pero en mi opinión siempre son los padres los que tienen el papel más importante. La conciencia de los daños que la obesidad puede causar a la salud del hijo debe, en efecto, hacer reflexionar a los padres y llevarlos a erradicar hábitos alimentarios incorrectos y hábitos consolidados en el tiempo. Puede ser una tarea difícil, pero no imposible. Hay que centrarse en la implicación y no en las prohibiciones, procurando no culpar al pequeño si a veces cede a las tentaciones y no hacer del peso una obsesión. En mi opinión, más que una dieta hipocalórica, es necesario un abordaje dietético encaminado a eliminar los errores nutricionales (comidas hipercalóricas, ausencia de desayuno, consumo reducido de frutas y verduras) y/o errores de conducta (sedentarismo excesivo, ausencia de actividad física). La dieta hipocalórica debe llevarse a cabo sólo en casos seleccionados y bajo supervisión médica. La pérdida de peso debe ser gradual, pero sobre todo la intervención debe estar encaminada a enseñar a padres e hijos a comer de forma sana y equilibrada. Solo cuando todo el núcleo familiar está preparado para la educación nutricional es posible obtener resultados óptimos para combatir la epidemia de obesidad”.

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